La violencia y la inestabilidad política son otro factor que los intérpretes proféticos consideran relevante. Jesús mencionó guerras y rumores de guerras, nación levantándose contra nación. En términos modernos, el narcotráfico, la corrupción institucional, los conflictos sociales y la inestabilidad en países como Venezuela, Haití, Ecuador y varios centroamericanos forman un cuadro de agitación que muchos creyentes leen a la luz de esas palabras.
El libro de Apocalipsis describe en el capítulo 6 los cuatro jinetes: conquista, guerra, hambre y muerte. Los estudios sobre seguridad alimentaria en la región señalan que millones de latinoamericanos enfrentan inseguridad alimentaria severa. Según organismos internacionales, América Latina y el Caribe retrocedieron en materia de hambre en la última década, revirtiendo avances que costaron generaciones construir.
La Ramera de Babilonia: ¿Una Referencia al Sistema Global?
Uno de los pasajes más interpretados en relación con el panorama geopolítico final es Apocalipsis 17 y 18, que describen la caída de la Gran Babilonia, descrita como una ciudad que reina sobre los reyes de la tierra y que ha corrompido a todas las naciones con el vino de su fornicación.
Algunos intérpretes han identificado a Babilonia con Roma, con el sistema religioso apóstata, con el Imperio Romano en la época en que fue escrito el texto, o con una ciudad o sistema global del futuro. Lo que resulta significativo para América Latina es que Apocalipsis 18 describe a los mercaderes de la tierra que lloraban por su caída, porque nadie compraba ya sus mercancías.
En un mundo económicamente interconectado como el actual, el colapso de cualquier sistema financiero global afectaría a todos los países, y América Latina, con su dependencia histórica de las exportaciones de materias primas y su vulnerabilidad a las crisis externas, se vería profundamente impactada por cualquier reorganización radical del orden económico mundial que los eventos proféticos implican.
La Iglesia Latinoamericana en el Tiempo Final
Aquí es donde el panorama profético se vuelve más esperanzador para quienes tienen fe.
América Latina alberga hoy una de las comunidades cristianas más grandes y de crecimiento más rápido del mundo. Se estima que más del 90 por ciento de la población latinoamericana se identifica con alguna forma de fe cristiana, y el movimiento evangélico y pentecostal ha crecido de manera exponencial en las últimas décadas. Brasil, por sí solo, tiene una de las poblaciones evangélicas más grandes del planeta.
Esto tiene implicaciones proféticas que los estudiosos de las Escrituras no pasan por alto.
El libro de Apocalipsis, capítulo 7, describe una visión de una multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que están ante el trono de Dios. Esta visión, que muchos interpretan como los redimidos que atravesaron la gran tribulación, incluye explícitamente a personas de toda procedencia geográfica. El continente americano, con su enorme comunidad de creyentes, formaría parte de esa multitud.
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