Puedes verlo con tus propios ojos y cuando lo veas vas a entender por qué lo que vino después fue tan devastador. Era la gran final de Big Brother VIP, la cuarta temporada, el reality show más visto de México. Verónica era la conductora estrella, la big sister, la cara del programa. Televisa quería algo espectacular para cerrar la temporada, algo que generara titulares, algo que nadie olvidara.
La idea que Verónica entrara montada en un elefante, una entrada triunfal. La conductora más famosa de México descendiendo de un baquidermo como una reina. Espectáculo puro, ratin asegurado, ensayaron cinco veces de día sin público, sin luces fuertes, sin pirotecnia, todo en calma. “La elefanta y yo nos llevamos muy bien”, contó Verónica.
Después comimos juntas. Le eché de mi perfume. Éramos reamigas, reamigas, con un elefante de 5 toneladas. Eso muestra cuánto confiaba Verónica en que todo iba a salir bien. Cuánto confiaba en la producción. Cuánto confiaba en que la gente que la rodeaba la iba a cuidar. Cuánto estaba dispuesta a arriesgar su propio cuerpo por dar un buen show, porque así era ella, siempre dando todo, siempre arriesgando por los demás, siempre poniendo las necesidades de otros. antes que las suyas.
Pero la noche del evento en vivo fue completamente diferente a los ensayos. Miles de personas gritando a todo pulmón en las gradas, luces de todos los colores apuntando hacia todos lados. Pirotecnia explotando, cohetes, música a volumen ensordecedor, aplausos, gritos, caos controlado. El elefante no había ensayado eso. El elefante enloqueció.
En el video puedes ver el momento exacto en que todo se sale de control. Puedes ver como el animal empieza a moverse errático, nervioso, asustado. Puedes ver como Verónica intenta controlarlo agarrándose de donde puede. Puedes ver el instante preciso en que su cuerpo pierde el equilibrio. “La elefanta se pone loca”, contó ella después con una frialdad que solo puede venir del trauma procesado durante años.
Se da la vuelta, me rompe el cuello, luego sale disparada de estampida y salgo yo volando por los aires. Se me tronó todo. Se me tronó todo. Cuatro palabras. Toda una vida cambiada, pero Verónica Castro no paró. En el mismo video, minutos después del accidente, aparece de nuevo sonriendo, saludando al público, conduciendo el programa como si nada hubiera pasado.
Gracias por acompañarnos. Bajen su voz para que este animalito la baje también. Profesional hasta el final. Con la columna fisurada, con el cuello roto, profesional hasta el final. Porque así era ella, porque así le enseñaron a hacer, porque mostrar dolor no era opción, porque el espectáculo tenía que continuar aunque ella se estuviera muriendo por dentro.
Las consecuencias de esa noche no se conocieron hasta casi 20 años después. En una entrevista con la revista Caras, Verónica finalmente reveló lo que el accidente le hizo a su cuerpo. Tengo muchas operaciones. Todas las cervicales las tengo postizas. Todo el cuello es de titanio. Perdí la médula espinal casi completa.
Hubo que reconstruir la espalda. Lee eso otra vez. Todas las cervicales postizas, todo el cuello de titanio, casi toda la médula espinal perdida, la espalda reconstruida. Es un edificio construido de titanio”, dijo con una mezcla de resignación y humor negro. No se me nota, pero se me siente. No se le nota. Eso es lo más devastador de todo.
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