Mi suegra tiró las cenizas de mi padre al inodoro, y mi esposo solo dijo: “Mi mamá hizo lo correcto”… esa misma noche descubrí que no querían borrar solo su memoria, sino a toda mi familia.

—¡No juegues conmigo! Necesito ese dinero hoy.

—Lo sé. Y supongo que los hombres a quienes les debes 8 millones no son muy pacientes.

Del otro lado hubo un silencio largo.

—¿Quién te dijo eso?

—Tú. Anoche. En mi recámara. Mientras presumías con tu amante.

Lucía colgó.

No pasaron ni 30 minutos antes de que Mauricio entrara a la mansión como un animal acorralado. Pateó la puerta de la recámara pequeña. Detrás venían Bárbara y Renata.

—¡Me vas a devolver mi dinero! —gritó él, levantando la mano.

Lucía alzó su celular.

—Tócame y este video sale ahora mismo a mi abogada, a la Fiscalía y a tus cobradores.

Mauricio se detuvo.

Bárbara avanzó, temblando de rabia.

—Malagradecida. Nosotros te dimos un apellido.

Lucía soltó una risa seca.

—¿Ustedes me dieron? Yo pagué esta casa. Yo pagué sus viajes, sus médicos, sus cenas, sus joyas y hasta las flores con las que recibió a la amante embarazada de su hijo.

Renata palideció.

—Mauricio me dijo que todo era suyo.

—Mauricio también dijo que mandó quemar la casa de mis padres.

La frase cayó como un golpe.

Bárbara abrió la boca, pero no dijo nada.

Lucía la miró fijamente.

—Usted lo sabía.

—No tienes pruebas —escupió Mauricio—. Estás loca.

 

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