Limpia a fondo: al ciempiés le atraerán los espacios sucios o desordenados. Una limpieza profunda puede bastar para alejarlo.
Usa aceites esenciales: la menta, el limón o la lavanda son repelentes naturales. Coloque unas gotas en un algodón o un trozo de tela en las zonas estratégicas.
¿Y si te mordiera? (algo poco frecuente)
No hay motivo para entrar en pánico. El ciempiés doméstico, aunque impresiona, generalmente no es peligroso para el ser humano. Su mordedura, si ocurre, provoca una ligera inflamación y una sensación similar a la picadura de una ortiga.
En caso de mordedura:
Lava la zona con agua y jabón.
Aplica una compresa fría.
Toma, si es necesario, un analgésico suave.
Si notas una reacción inusual (hinchazón importante, enrojecimiento persistente, malestar), consulta con un profesional de la salud. Más vale prevenir.
Un pequeño visitante que quizás te quiere bien.
En el fondo, encontrarse con un ciempiés puede verse como una oportunidad: la de detenerse, observar lo que ocurre dentro de uno mismo ya su alrededor. Es un recordatorio discreto pero significativo de que incluso los momentos inesperados pueden convertirse en ocasiones de transformación.
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